Barroco en América.
Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillán (1651-1695), encarnó la poeta barroca latinoamericana.
Ahora, seguiremos trabajando sobre el estilo barroco en la América del siglo XVII, del que ya hemos señalado sus rasgos de estilo, pero describir este período sin hacer mención sobre la poeta, la intelectual y dramaturga más representativa que dio América, Sor Juana Inés de la Cruz, sería imposible.
Para aquellos que gusten del buen cine, pueden ver el filme de Bemberg, que retrata de manera muy bien documentada, basada en la investigación de Octavio Paz, la vida de esta monja de clausura, tan ocupada de incorporar saberes y ciencias a su intelecto.
La película es una coproducción realizada entre Argentina y España y se titula Yo, la peor de todas (1990) de María Luisa Bemberg. Pero como la vida de esta poeta es tan interesante, para saber más sobre su obra y su época, los invito también (elijan uno de los dos o ambos, a "tu criterio") a ver este documental muy completo, basado en el ensayo escrito por Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, en el cual este escritor, poeta y ensayista mejicano, quien ganara el Premio Nobel de Literatura, desarrolla su biografía y un profundo análisis de su estilo literario, y que está incluso dramatizado en algunas partes para hacerlo más didáctico: pulse aquí.
Letras tempranas
De niña frecuentaba textos teológicos y grecolatinos clásicos. A los ocho, escribió una eucarística. Más tarde ingresó a la orden de las Carmelitas, pero no pudo tolerar su ideología rígida y hermética. Por este motivo, se cambió a la orden de las Jerónimas, donde ofició como administradora del convento.
Durante su vida como religiosa escribió textos literarios. Además, villancicos y obras religiosas, hasta epístolas y sonetos. Si bien varios de sus textos eran por encargos, también realizaba varios por gusto propio. Tal fue el caso de sus poemas.
Poemas a Lysi
Octavio Paz, aseguró que las cartas y poemas de
amor que Sor Juana escribió, estaban dirigidos a la virreina María Luisa
Manrique de Lara y Gonzaga
La relación entre Sor Juana y Lysi, como la escritora llamaba a la virreina, coincidió con la época más prolífica de la poetisa. María Luisa llegó a la Nueva España en 1680, de la mano de su esposo, el entonces designado
virrey Antonio de la Cerda.
En ese momento, Sor Juana era conocida y reconocida por su talento literario. María Luisa conocía su obra y la admiraba. Quienes han estudiado la obra de Sor Juana creen que su romance nunca se consumó. Entre los
votos de castidad de la monja y la jerarquía de María Luisa Gonzaga, parecía complicada una relación amorosa. Sin embargo, Sor Juana se inspiró y escribió por ella y para ella. Una relación homosexual entre ambas habría significado un gran escándalo.
Curioso resulta saber que Juana de Asbaje se convirtió en monja para evitar que la casaran y pasar su vida atendiendo a un marido e hijos. Aunque estaba consagrada a Dios y al aprendizaje, la llegada de la virreina a la vida de Sor Juana supuso un cambio en sus creencias. También, pudo representarle una forma de amar. Aunque la relación entre ambas se cortó de manera abrupta en 1686. Esto ocurrió porque e el Rey de España ordenó el regreso de Antonio de la Cerda.
Lysi se llevó con ella y conservó hasta su muerte un retrato de Sor Juana y un anillo que la monja le
regaló.
La vida de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana terminó a causa de una tifoidea el 17 de abril de 1695 en el Convento de San Jerónimo.
Aquí, un fragmento de poemas escritos para Lysi:
Pues desde el dichoso día
Que vuestra belleza vi,
Tal del todo me rendí,
Que no me quedó acción mía.
Con lo cual, señora, muestro,
Y a decir mi amor se atreve,
Que nadie pagaros debe,
Que vos honréis lo que es vuestro.
Yo adoro a Lisi, pero no pretendo
Que Lisi corresponda mi fineza,
Pues si juzgo posible su belleza,
A su decoro y mi aprehensión ofendo.
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Este poema habla sobre el sentimiento de ser rechazado y el único consuelo de vivir en la fantasía:
Que contiene una fantasía contenta con amor decente
Sor Juana Inés de la Cruz
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
Análisis del poema
Soneto de estética barroca, está compuesto por catorce endecasílabos que se organizan en cuatro estrofas de las cuales dos son cuartetos y dos, tercetos. Emplea una rima consonante de patrón ABBA ABBA CDC DCD.
* La voz poética interpela a un amante, designado como “sombra de mi bien esquivo”, cuya presencia fugaz, referida como una “bella ilusión”, una “dulce ficción”, la llena de angustias y de anhelos.
* Ese amante, al principio esquivo, pasa en la siguiente estrofa a ser visto como un imán (antítesis), metáfora de la fuerza misteriosa del amor, al cual la voz poética, sin embargo, sucumbe: “¿para qué me enamoras lisonjero/ si has de burlarme luego fugitivo?”
* En las dos siguientes estrofas, no obstante, la voz poética ironiza sobre la presencia del amante esquivo, que, pese a que viene y se va a su antojo, permanece en la fantasía de amor que labra la voz poética.
Figuras literarias
Metáfora
Se plantea una relación sutil de analogía o semejanza entre dos ideas, imágenes o conceptos. Por ejemplo:
“(…) Sombra de mi bien esquivo (…), como metáfora del amante fugaz.
“(…) Si el imán de tus gracias, atractivo,/ sirve mi pecho de obediente acero (…)”, donde el imán funciona como metáfora de la atracción, de la fuerza misteriosa del amor.
“(…) Si te labra prisión mi fantasía (…)”, metáfora que alude al amor ideal.
Antítesis. Oxímoron: Combinación de palabras de sentido opuesto o constrastivo: “(…) alegre muero (…)”, “(…) penosa vivo (…)”.
Plantea una relación de contraste entre dos ideas o conceptos opuestos: “(…) bella ilusión por quien alegre muero,/ dulce ficción por quien penosa vivo.”
Hipérbaton
Alteración del orden convencional de la sintaxis de la oración:
“(…) Si al imán de tus gracias atractivo/ sirve mi pecho de obediente acero (…)”;
“(…) mas blasonar no puedes satisfecho/ de que triunfa de mí tu tiranía (…)”.
REDONDILLA (1) Sor Juana Inés de la Cruz
Hombres necios que acusáis (2)
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia. (3)
¿Qué humor puede ser más raro
que el que falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si o quieren bien. (4)
Opinión ninguna gana;
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana. (5)
Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende
y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejáos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído? (6)
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar? (7)
¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
O hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
(1) Redondilla: estrofa de cuatro versos de arte menor de rima consonante que sigue el esquema de abba.
(2) Temas de larga tradición literaria
(3) Thais y Lucrecia: dos prototipos de la antigüedad. Thais, cortesana ateniense; Lucrecia, la fiel esposa romana. Figuras antitéticas.
(4) Paralelismo de estructura y juego antitético de conceptos.
(5) Idem anterior.
(6) Retórica conceptista.
(7) Oposiciones constantes entre hombres y mujeres, estructuradas simétricamente.
(8) “Diablo, carne, mundo”: los tres enemigos del alma católica.
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· 1689-1690:
Se publican en España Las Obras Completas con el título de Inundación Castálida a
la única poetisa musa décima. Se publican en Madrid el tomo I de Poemas; en Méjico: Auto del Divino Narciso.
En la ciudad de Puebla: Carta Atenagórica (significa "Carta digna de la sabiduría de Atenea), la cual es una crítica al sermón de Mandato del portugués Antonio Vieyra. Recibe una carta del Arzobispado de Puebla, quien bajo el nombre de Sor Filotea de la Cruz, le pide que abandone sus obras mundanas para dar mayor tiempo a sus obras religiosas.
* 1691: Escribe La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. La respuesta que escribió Sor Juana en 1691 (y que solo fue publicada póstumamente casi diez años después en Madrid) es, en primer lugar, una defensa ante las acusaciones del obispo. Ya que en esa época los herejes podían ser perseguidos y ejecutados por la Inquisición, la carta no solo defendía sus derechos, sino su vida.
Compartamos un fragmento sobre la prosa de Sor Juana en: Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (fragmento)
“... Prosiguiendo en la narración de mi inclinación, de que os quiero dar entera noticia, digo que no había cumplido los tres años de mi edad cuando enviando mi madre a una hermana mía, mayor que yo, a que se enseñase a leer en una de las que llaman Amigas, me llevó a mí tras ella el cariño y la travesura; y viendo que la daban lección, me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, a mi parecer, a la maestra, la dije que mi madre ordenaba me diese lección. Ella no lo creyó, porque no era creíble; pero por complacer al donaire, me la dio. Proseguí yo en ir y ella prosiguió en enseñarme, ya no de burlas, porque la desengañó la experiencia; y supe leer en tan breve tiempo, que ya sabía cuando lo supo mi madre, a quien la maestra lo ocultó por darle el gusto por entero y recibir el galardón por junto; y yo lo callé, creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden. Aún vive la que me enseñó (Dios la guarde), y puede testificarlo. Acuérdome que en estos tiempos, siendo mi golosina la que es ordinaria en aquella edad, me abstenía de comer queso, porque oí decir que hacía rudos, y podía conmigo más el deseo de saber que el de comer, siendo éste tan poderoso en los niños. Teniendo yo después como seis o siete años, y sabiendo ya leer y escribir, con todas las otras habilidades de labores y costuras que deprenden las mujeres, oí decir que había Universidad y Escuelas en que se estudiaban las ciencias, en Méjico; y apenas lo oí cuando empecé a matar a mi madre con instantes e inoportunos ruegos sobre que, mudándome el traje, me enviase a Méjico, en casa de unos deudos que tenía, para estudiar y cursar la Universidad; ella no lo quiso hacer e hizo muy bien, pero yo despiqué el deseo de leer muchos libros varios que tenía mi abuelo, sin que bastasen castigos ni reprensiones a estorbarlo; de manera que cuando vine a Méjico, me admiraban, no tanto del ingenio, cuanto de la memoria y noticias que tenía en edad que parecía apenas había tenido tiempo de aprender a hablar.
Empecé a deprender gramática, en que creo no llegaron a veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres –y más en tan florida juventud- es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes, e imponiéndome ley que si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o tal cosa que me había propuesto deprender en tanto que crecía, me lo había de volver a cortar en pena de la rudeza. Sucedía así que él crecía y yo no sabía lo propuesto porque el pelo crecía aprisa y yo aprendía despacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza: que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno. Entréme religiosa porque aunque conocía que tenía el estado de cosas (de las accesorias hablo, no de formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo para la total negación que tenía el matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencias de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros. Esto me hizo vacilar algo en la determinación, hasta que alumbrándome personas doctas de que era tentación, la vencí con el favor divino, y tomé el estado que tan indignamente tengo. Pensé yo que huía de mí misma, pero ¡miserable de mí! Trájeme a mí conmigo y traje mi mayor enemigo en esta inclinación, que no sé determinar si por prenda o castigo me dio el Cielo, pues de apagarse o embarazarse con tanto ejercicio que la religión tiene, reventaba como pólvora y se verficaba en mí el privatio est causa appetitus (...)” [La privación es causa de apetito]